lunes, 20 de diciembre de 2010

Feliz Navidad

De nuevo con la lluvia rodeándonos por todos los lados, y desde estos fondos submarinos de Galicia que aunque no tan luminosos (ni cálidos) nada tienen que envidiar a los de otras latitudes, os deseo que paseis una muy Feliz Navidad...y que el año que viene sea como Dios quiera.


Javier Santiago, 20 de Diciembre de 2010

sábado, 26 de junio de 2010

De prácticas en el Eucalipto

Este invierno ha sido particularmente duro en Galicia. Las malas condiciones meteorológicas y las cada vez más grandes obligaciones familiares apenas nos han permitido salir de cuevas. Por lo tanto, las ganas de "colgarnos"...(de las cuerdas, se entiende)...(no por el cuello, se sobreentiende)...nos lleva a hacer planes: quizás la Sierra del Caurel, o la Sierra Enciña da Lastra, puede que Mondoñedo, o más lejos a  León o Asturias. Por el momento no disponemos de tanto tiempo, por lo que tenemos que buscar una solución más inmediata que nos quite el óxido acumulado, por lo que decidimos ir a un viejo y querido amigo: el Eucalipto.
Sí, el Eucalipto, un hermoso y esbelto  ejemplar que con sus treinta metros de altura y abundante ramificación se convierte una vez más  en nuestra escuela de prácticas.

Emilio en un descenso
Salgo andando de casa, con la saca, cuerdas, mosquetones y demás parafernalia bajo el brazo.Saludo de camino a algún que otro vecino, y a unos apenas  50 metros ahí está, constituido en un singular elemento de nuestro paisaje.

Arriba ya se notaba la oscilación del tronco por el viento.
  Mientras voy ascendiendo para colocar las cuerdas, recuerdo alguna de las anécdotas que este eucalipto guarda en su memoria, desde un incendio  que hizo que una ignota y modesta urbanización ocupara primeras planos en los telediarios ( y del que salvó su vida milagrosamente), hasta la vez que estuvimos siendo vigilados por un coche patrulla de la Guardia Civil que,  alertada por la oleada de incendios que había en Galicia,  no se fiaba demasiado de los "pollos" que estaban allí colgados; y qué decir de cuando me quede bloqueado en la copa  en una complicada posición , y de la que salí airoso aún no sé hoy cómo; o aquella vez que a un vecino casí le dá un infarto a la una y media de la madrugada , al ver salir de entre la maleza a unos extraños alienígenas con unos cascos con luz sobre sus cabezas.

Javier Cebrián en acción.
Absorto en mis pensamientos escucho abajo el saludo de mis compañeros, Emilio del Río y Javier Cebrián. Les digo que hay dos cuerdas libres, una "en volado" prácticamente en todo su recorrido, y otra con 4 fraccionamientos, hechos aprovechando las magníficas ramificaciones de este coloso vegetal. Al rato ya nos encontramos todos arriba,  pendulando ligeramente en la copa a consecuencia del fuerte viento. Desde las alturas hablamos de lo que vamos a hacer: subir, bajar, pasar fraccionamientos, técnicas de fortuna, ....todo dependerá del tiempo de que dispongamos. Algún vecino se para a mirar  extrañado para nosotros;  otro que ya nos conoce entabla una conversación del tipo de "a grito pelado"; si pasa alguna de nuestras mujeres con los niños nos recuerda que no nos olvidemos de ir a comprar el pollo y las naranjas; hoy incluso hay un individuo, al que no conocemos,  que se para a hacernos fotografías. Toda una vidilla en torno al eucalipto, como muy familiar y cotidiana.


Emilio en distintos momentos.
Después de estar practicando toda la tarde y con los músculos ya algo cansados de tanto ascenso y descenso, decidimos dar por terminada la jornada.

Yo mismo bajando.
Como tenemos pensado venir varias veces a lo largo del mes, dejamos instalada una cuerda que baja desde la copa,  así como los distintos anclajes que hay por las ramas (por descontado,  a una altura prudencial del suelo para evitar  un posible expolio,o que algún que otro aventurero quiera medir sus cualidades trepadoras). Así, en  en días sucesivos,nos será mucho más rápido y sencillo instalar de nuevo todas las cuerdas.
Emilio y yo nos vamos de nuevo andando para nuestras casas, y con Javi Cebrián,  que vive algo más lejos ,quedamos de enviarnos un correo para vernos  una próxima vez.

Las abundantes ramas permiten hacer múltiples fraccionamientos y volados.

Por Javier Santiago..  26 de Junio de 2010.
Fotografías: Javier Santiago y Emilio del Rio.

viernes, 19 de marzo de 2010

El Pozo das Choias (Sierra del Caurel-Lugo)

Estamos a 7 de Marzo y el buen tiempo nos anima a ir una vez más a la Sierra del Caurel (Lugo), a patear monte y hacer alguna cueva de las que hay por la zona. Sin embargo cuando llegamos a Piedrafita del Cebreiro y vemos como caen los copos de nieve en los cristales,  comenzamos a inquietarnos. Ya por Liñares nuestras ruedas van dejando surcos en la carretera y conteniendo la respiración avanzamos para comprobar con satisfacción  unos kilómetros más adelante que la nieve  desaparece. Comenzamos entonces a descender la montaña hasta llegar a Seoane del Caurel, y de nuevo ascendemos en dirección a Visuña.

Entrada a la sima
Está claro que el tiempo es bueno pero no en la cumbre de las montañas del Caurel. La nieve hace de nuevo su aparición y esta vez con fuerza.  Una vez más no llevamos cadenas, y al poco de adentrarnos ,  el coche empieza a hacer extraños . Por precaución decidimos dar marcha atrás poniendo especial cuidado de "recular" sobre las marcas que dejaron nuestras ruedas en la nieve, y deseando que no apareciera ningún otro coche por la estrecha carretera de montaña. Volvemos a andar sobre seco y cambiamos de planes. Iremos hacia la zona de Mercurín, y si conseguimos localizarla bajaremos al "Pozo das Choias", una sima de 55 metros de profundidad de la que tenemos una vaga idea de su localización.

Bonita colada en el fondo del pozo
Ya en Mercurín un vecino nos previene de que la localización de la sima no va a ser fácil debido a la distancia que hay que andar y la abundante maleza.  Pero nuestra determinación es firme y vamos a ir.
El paisano,  de nombre Rafael,  nos mira algo incrédulo, y siendo sabedor de  lo que dice, y quizás compadeciéndose de unos de "Santiago" que tienen más orgullo que conocimiento, se ofrece a acompañarnos.
Nunca se lo agradeceremoso bastante. Cargados como mulas con sacas, cuerdas, mosquetones, y  por supuesto mi inseparable equipo fotográfico, hubiera sido muy gracioso vernos deambular por el inmenso monte buscando un agujero que,  aunque amplio.  no hubiéramos encontrado ni de ser nuestro día de suerte.
Instalamos la cuerda y bajamos una tirada hasta una profundidad de  unos 25 metros desde donde se percibe aún la luz que viene de la entrada. Aqui hacemos un fraccionamiento y continuamos el descenso unos 30 metros más hasta llegar a los -55 m. que tiene la cavidad.

Salamandra
En el fondo ya no hay nada de luz, a pesar de lo cual aún vemos brotar escasamente  alguna bellota que cayó de la superficie. También vemos hongos creciendo sobre restos de madera podrida.

Gour
Los signos de belleza son escasos, habiendo algunas estalactitas y destacando sobre todo un gour y una hermosa colada.  En las paredes se observan aqui y allá algunos murciélagos de herradura, y sobre la colada somos capaces de ver hasta tres  hermosas salamandras, por lo que nos movemos con cuidado para no pisarlas.

Murciélago de herradura
Tomamos un tentempie y remontamos de nuevo el pozo para salir al exterior. No desaprovechamos para hacer otras cuevas próximas como la Cova del Eixe , y por supuesto disfrutar del bosque de la Sierra del Caurel, y como no , de vuelta al Cebreiro degustamos el queso con miel típico de la zona.
Emilio remontando un pozo

Javier Santiago y Emilio del Rio, Marzo 2010

lunes, 15 de marzo de 2010

El Galeón San Jerónimo (Corcubión, 1987)

Fué un 28 de Octubre de 1596. Una vez superada la negativa experiencia de la que se dió en llamar la "Armada Invencible", una nueva Armada de Felipe II está preparada para dar cumplida respuesta al saqueo de Cádiz ese mismo año por una flota anglo-holandesa, así como a otros actos de acoso y pirateria en nuestras costas y posesiones de ultramar.
Esta nueva Armada se inicia con la adhesión de navios de las flotas de Cádiz y Portugal, que se dirigen hacia Ferrol donde les espera la flota de Martín Padilla que engrosaría así la Armada hasta conseguir la cifra de 175 embarcaciones grandes además de otras más pequeñas.

Monumento al "Galeón San Jerónimo" (Corcubión-La Coruña)

Pero de nuevo el destino se volvió contra ellos en forma de temporal. Trás abandonar Viana do Castelo en Portugal, el tiempo empeora y la flota empieza a tener dificultades para mantenerse agrupada. Ya en las inmediaciones de Cabo Finisterre, en pleno corazón de la Costa de la Muerte, una gran tempestad disuelve la formación y empuja a los barcos hacia las rompientes naufragando una treintena de ellos y poerdiéndose además la vida de unas 2000 personas.
Conocida la trágica noticia, se dan las órdenes oportunas para reagrupar la Flota y juntar a los supervivientes que deambulaban sin rumbo por las tierras de interior. También se hace lo que se puede para recuperar las pertenencias de los barcos nafragados.
En 1986, casi 400 años después de ese fatídico día,  militares de la Armada de Ferrol tienen conocimiento a través de pescadores de Finisterre de la aparición de un cañón antiguo en las proximidades de Cabo Cee (La Coruña). Realizan entonces unos trabajos de recuperación de restos que serán depositados en el Museo de la Armada de Ferrol..

El Dr. Manuel Martín Bueno, director de la campaña arqueológica.

Investigadores gallegos y organismos de la Comunidad Autónoma de Galicia, con la destacada figura de Rafael Mejuto (fallecido durante los preparativos previos) identifican el pecio como el Galeón San Jerónimo y proponen una campaña de recuperación cuyo proyecto será elaborado y dilrigido por arqueólogos de la Universidad de Zaragoa bajo la dirección del renombrado arqueólogo submarino el Dr.Manuel Martín Bueno.
Como parte del operativo, los arqueólogos contratan a una empresa de actividades subacuáticas (C.I.S) de la que era socio por aquel entonces,  y que desempeñaríamos las funciones de apoyo técnico así como la toma de fotografías submarinas.



Excavando con "chuponas" el lecho arenoso

Estamos en pleno mes de agosto de 1987, entre Cabo Cee y Cabo Finisterre, en las proximidades de un promontorio con el sugerente nombre de "A Punta do Diñeiro" (La Punta del Dinero), en un fondo poco profundo y tapizado casi en su totalidad por grandes algas pardas, lo que por aqui llamamos "golfos" (Saccorhyza polyschides y Laminaria ochroleuca), por lo que las primeras acciones van encaminadas a despejar la zona de estas incómodas algas para que los arqueólogos puedan tener los restos a la vista y así comenzar su etiquetado. Al tratarse de una zona tan expuesta y poco profunda apenas queda rastro del maderamen del barco, aunque si se encuentran restos que por su estado de "carbonización" inducen a pensar que pertenecían al pecio.
Asimismo hay muchas bolas de cañón, la mayoría de hierro, fuertemente afectadas por la corrosión y cementadas unas con otras, aunque también hay algunas de piedra, estas últimas tan redondas que podría dar la impresión de que acababan de salir de la cantera el día anterior.


Bolas de cañón con concreciones de monedas.


Sin embargo lo más llamativo del pecio fue la ingente cantidad de monedas de plata y algunas de cobre que se encontraron que se emplearían para pagar a los soldados participantes en la contienda. Al estar concrecionadas y cementadas por otros materiales su recuperación fué dificultosa.
También se recuperó un anillo de oro con las inscripciones "JHS", lo que hizo suponer a los arqueólogos que podría pertenecer al capellán del barco.
Otros restos fueron alguna moneda de oro, abundante munición de plomo, una campanilla, una cruz, un compás, y un ancla de dos metros de longitud.
Los arqueólogos excavaron asimismo la zona de arena próxima a la roca, descubriendo más restos del barco.
                                                                
La campaña terminó con la realización de inmersiones de prospección en zonas limítrofes, así como en otras susceptibles  de contener yacimientos arqueológicos, pero sin resultados positivos.




             Bola de cañón de piedra

Bola de hierro y moneda incrustada.


Bibliografía: Manuel Martín Bueno et al. 1989. "Atopamo-la historia"
Por Javier Santiago, Marzo 2010.

domingo, 7 de febrero de 2010

La Sima de Covanegra (Burgos)

La Sima de Covanegra es una bonita cavidad situada en Cubillos del Rojo (Burgos). La entrada, una amplia sima de unos 30 metros de vertical, está localizada en medio de un campo y rodeada por una valla de madera.

El descenso de la sima, la mayor parte de ella en volado, es espectacular, y nos deja en la Sala Niphargus en medio de un caos de bloques. Según la hora del día, los efectos de la luz entrando en esta sala pueden resultar sumamente llamativos.
Aunque la cueva parte desde aqui en dos direcciones contrarias, únicamente hacemos la galería que va en dirección Este, la más larga, y dejamos la otra (según dicen muy bonita) para una nueva ocasión.
En su recorrido tendremos que descender un par de pozos y rebasar una gran colada trepando por su lado derecho, además de un par de pasos estrechos "de libro" donde podemos testar las posibilidades de adaptación de nuestro cuerpo a los elementos.

Capitaneados por Antonio, vamos Manolo y yo superando los distintos resaltes y destrepes que se nos presentan, haciendo varias paradas para admirar y fotografiar las amplias salas, así como la riqueza y variedad de formaciones que las ornamentan.


Aunque la topografía no es complicada, hay un par de continuidades que se resisten,  por lo que la primera vez  resulta más cómodo ir acompañado de alguien que conozca la cavidad y de esta forma aprovecharemos mucho mejor el tiempo.
Un detalle a tener en cuenta: si la cueva se realiza en pleno mes de Enero y preveemos salir a las tantas de la noche, y además uno humildemente no es de Burgos, conviene que el que salga primero lleve las llaves del coche mientras espera por los otros compañeros, y así evitará morirse de frio, que fué precisamente lo que me pasó a mí.

Javier Santiago, Febrero 2010

sábado, 16 de enero de 2010

Bucear en una batea de cultivo de mejillón

Fué en la década de los 40, del siglo XX, cuando se fondeó la primera batea para el cultivo de mejillón (Mytilus galloprovincialis) en las rías gallegas. Los resultados de crecimiento fueron espectaculares, dándose así el pistoletazo de salida al desarollo de una industria que hoy cuenta con alrededor de 3000 bateas que producen entre 130.000-200.000 toneladas de mejillón al año, colocando a Galicia entre los líderes mundiales en la producción de mejillón.

Batea de mejillón vista desde el fondo

Una batea es en esencia una estructura flotante que consta de un emparrillado -generalmente de madera de eucalipto - de hasta unos 500 m2 útiles,  que va montado sobre unos flotadores metálicos. De él cuelgan un número de cuerdas de cultivo que puede llegar hasta 500. Dicha estructura está fijada al fondo por una  o dos gruesas cadenas de hierro unidas por el extremo a unos bloques de cemento.

Cada cuerda de cultivo puede tener una longitud de hasta doce metros y albergar hasta 100 kg. de mejillón.
La cosecha puede tardar entre año y medio y dos años en realizarse, aunque este aspecto varia mucho con el sitio de la ría donde esté situada la batea y también con el tamaño de mejillón que queramos comercializar. Por estos motivos la producción de una batea puede oscilar entre 30 y 100 toneladas de mejllón al año.

Bucear debajo de una batea es algo espectacular. El hecho de estar rodeado por cuerdas cargadas de mejillón hace de esta inmersión una bonita experiencia; incluso si miras hacia arriba la convergencia de las cuerdas da la sensación de estar dentro de un cuadro.

Actinothoe sphyrodeta es una anémona común en las cuerdas.

No menos interesante es observar con detenimiento la multitud de organismos que crecen sobre las cuerdas y los flotadores, pertenecientes a casi la mayoria de los grupos marinos más importantes: ascidias, crustáceos, celenterados, poliquetos, briozoos, hidrozoos, esponjas, moluscos, equinodermos.
Entre las cuerdas deambulan asimismo bancos de peces como ballestas (Balistes carolinensis), mújoles, sargos,,etc, y es frecuente encontrar también necoras y camarones. En resumen: una batea de mejillón es un auténtico ecosistema que conviene estudiar con detenimiento, aunque eso sí, un ecosistema en cierto modo artificial  y condicionado fuertemente por las labores a que está sometida durante las distintas etapas de cultivo.


Nécora (Necora puber) entre los mejillones de cultivo

Los que no presentan tanta diversidad son los fondos subyacentes. Con frecuencia están cubiertos de conchas de mejillones, cuerdas caidas, cables, y otros materiales, lo que nos indica que el cultivo de mejillón es también una fuente de degradación de los fondos marinos. Además la materia orgánica acumulada en el fondo hace que estos se vuelvan más limosos y su descomposición consume oxígeno favoreciendo a veces el desarrollo de bacterias sulforeductoras que dan a estos fangos un mal olor característico.


Colonia bacteriana en un fondo contaminado

Aunque seguramente nadie nos diria nada por bucear bajo una batea, ésta no deja de ser una propiedad privada por lo que justo sería pedirle permiso al dueño antes de encontrarnos con una merecida reprimenda.

Javier Santiago. Enero-2010